31 de enero de 2006

Ahogando las penas

Saltó y notó como su cuerpo se acercaba al final del abismo. Y, entonces llegó. Todo su cuerpo se submergió en aquella mezcla de pureza y alivio. Sintió como aquella transparencia se adentraba por cada uno de sus poros. Que llegaba a cada rincón donde los sentidos daban más y más vida a aquel ausentismo que la había visto caminar los últimos años. Se estremeció una y mil veces debajo de aquella capa de indiferencia y, cuando por fin supo que estaba preparada, decidió salir a la superfície. Había dejado dentro de aquel manantial todo lo que le había estado pesando tanto tiempo. Y se fue caminando sin mirar atrás y sin echar de menos todos aquellos anhelos que nunca había tenido realmente y, que ahora se quedaban allí, ahogandose y hundiendose hasta llegar al olvido.

30 de enero de 2006

Pinceladas de esperanza

Cuando abrió la puerta no vió nada. Todo era demasiado oscuro como para poder distinguir las formas que se hayaban en aquella habitación. Con bastante esfuerzo y tropezando con recuerdos dejados allí por olvido, consiguió encontrar un rincón, igual de frío y oscuro que todo lo que había entre aquellas cuatro paredes. Poco a poco se le fue acostumbrando la vista y, lo negro se volvió un poco menos negro. Pasó tiempo allí, sin moverse, sentada en un rincón escuchando las conversaciones de los que habían llegado antes que ella. Todo eran quejas, malos humores, reproches y odios que de vez en cuando se unian en un solo llanto. Pasó el tiempo y, cansada de tanto sufrimiento dejó de oirlos y se limitó a observar aquellas formas que poco a poco se habían vuelto más claras. Entonces la vió, había estado siempre ahi. No lo dudó ni un momento, se levantó y, sorteando todos aquellos obstaculos que le impedían el paso, llegó hasta él. Un simple movimiento hizo la luz en la habitación. Tiró de la correa una y otra vez hasta que la persiana estubo completamente subida y entonces abrió la ventana. Entro una oleada de vida por ella y se llevó toda aquella ira y rabia, toda envidia y demás inquilinos que no hacían más que quejarse.
Al principio, esperanza se sintió más sola que nunca, pero, poco a poco empezaron a llegar nuevos aires acompañados de risas y ganas. Y, aquella habitación llena de sombras que habia sido al principio se convirtió en una mezcla de colores que inundó todo mi mundo.

20 de enero de 2006

Copos de nieve

Que rondan mi cabeza...
Sin dejarla tranquila. La absorven hasta dejarla preocupada.
No me gusta la nieve. Ni nada que se le parezca. Es algo demasiado peligroso para mi. Me da mucho miedo pensar en ella...desde que me rompí los ligamentos no quiero saber nada.
Y, ahora menos...la nieve...que bonita toda blanca. Que preciosa estar intacta...polvo mágico para algunos...pesadillas eternas para otros.
Soy una persona a la que le gustan los riesgos...demasiado, para las ostias que me he llegado a meter...pero deslizarme por la nieve me da demasiado pánico. Por que? Por una simple caida puedo perder muchas cosas...emepazondo por mi trabajo, siguiendo con mi familia o mis amigos...o llegando a no tener ni siquiera mi propia vida...
Es algo que duele demasiado, la nieve. Y, digo doler, no joder. Y digo, doler, no pensar que es mala...sólo digo doler. Porque a mi me duele caerme en ella o que alguien a quien quiero pueda hacerse daño...digo doler, porque duele mucho. La nieve quema más que frio provoca. Sobretodo si no se cae bien.

16 de enero de 2006

Y el corazón inundado

Se me olvidó construirle un techo, una pared... algo que lo protegiera del frío. Pero yo no sabía que era el frío. En él, solo entraban rayos de querer o estrellas iluminadas con sueños... y leves brisas con aromas de felicidad. Pero un dia hubo una tormenta. Empezaron a caer gotas de dolor en él y quedó completamente inundado. Se apagaron aquellos rayos y los sueños se mojaron...Poco a poco se fue convitiendo en hielo y, a veces, cuando le das un golpe...se abre una grieta en él y lágrimas brotan de su interior. Llegan hasta mis ojos y sé entonces que ahi va otro sueño o ilusión perdida.

Con la cabeza perdida

Un día dijo adiós y se fue. Se fue caminando sin ningún rumbo, con la vista nublada de recuerdos. En su viaje descubrió rincones como la Alegría, el Llanto, la Angustia o el Anhelo y los visitaba con bastante frecuencia. Y vagó por lugares menos exóticos como la Rutina o el Aburrimiento pero, por los que le era más fácil andar. Un día, mientras tomaba un café en una terraza de Soledad pensó que estaría bien volver a casa y abandonar las tierras de la Locura. Pero hacía tanto tiempo que no se había acordado de ella que olvidó como la podía encontrar... y, así, desde entonces, vaga perdida por los paises del Sentir. Buscando el camino de vuelta a la Razón.