9 de abril de 2006

Balcones

Me desperté como cada mañana y subí la persiana. Me encendí mi cigarro para darme los buenos dias y salí a mi balcón. Eran las doce del mediodia y había demasiado movimieto para que mi cabeza fuera capaz de asimilarlo. Así que crucé todo el pasillo y me fui al otro extremo del piso, donde me encoentré con el balcon de la tranqulidad. Con muchos tejados, gruas y montañas de fondo. Donde me gusta pasar los domingos por la tarde. Donde sólo me encuentro a mi... donde todo está en orden. Y allí me quedé. Y ahi sigo. Y cuando estoy ahi...no quiero nada más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bien descrito... esto si que es realidad de la que entiendo a la primera!! jejeje besicossss! yo tb quiero ser tu balcon ese... ;)