19 de diciembre de 2006

Bienvenid@s al país de los sugus

Un día, aburrida de estar aburrida, salí a dar un paseo. Caminé en linea recta hasta que decidí girar a la derecha y, volví a caminar en linea recta, hasta que me dió por girar a la izquierda y seguir caminando en linea recta y seguir girando a la derecha y seguir girando a la izquierda y, entonces lo encontré y supe que ahi sería donde quería vivir el resto de mi vida. En el valle que quedaba entre las tierras de la fantasia y de la relaidad. Quise conocer más de esa aldea, y me adentré en sus calles. No había ni un alma paseando por allí, pero no me importaba porque todo desprendia un aroma tan diferente que se enganchaba a ti y te hacía sentir acompañada por lo que fuera que era eso. Las casas, todas de colores diferentes perfectamente combinados, adornaban el poblado y le daban ese encanto que era capaz de hacer que la persona más cuerda olvidara lo mala que era la locura. Cuando llevaba bastante tiempo explorando mi nuevo parador llegué a lo que tenía como nombre Plaza del Encuentro. Era una gran zona verde, con muchos arboles y cesped y, justo en el centro, un caminito con piedras te llevaba a un recinto de aire rústico del que colgaba un letrero en el que se podía leer: LA TERTULIA. Me llamó tanto la atención que no me lo pensé. Decidida y con paso firme me planté delante de la puerta y la empujé hacia dentro. Todas las ideas que se encontraban allí se callaron de golpe y me observaron con mirada interrogante. Mi cara dibujó una media sonrisa y, como si hubieran estado esperando que llegara ese momento toda su vida gritaron al unísono: bienvenida! Sed, que era una de las ideas más atentas, me sirvió una copa de lucidez y, Cansancio me señaló una silla que quedaba vacía, invitandome a sentarme en ella. No sabría decir cuantos eramos allí, pero la conversación era tan fluida que parecía que sólo hubieran dos interlocutores que se entendían a la perfección. Todos sabían cual era su momento para hablar. Hasta que a Sueño le dió por bostezar y, así, sin más, todos nos levantamos y me vi en mi cama de repente, con un brillo en la mirada y una sonrisa que no era de mentira.
Desde entonces, cada día me escapo a mi país, aunque sea por unos minutos y, a veces me da por escribir algo y, salen cosas como esta. Porque allí encuentro el bienestar que siempre he buscado y, poco a poco me voy construyendo mi casita, con vistas al cielo y sitio para quien quiera venir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

uooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!! jejejeje yo tb kerooooooo, yo tb......

Mi país de sugus, es un poco diferente, es como el tuyo, pero en él pues están otras ideas no tan bonitas como las tuyas, pero aún así me alegro de que dentro de lo que cabe haya ideas de esas. Ojalá lo pudiera comparar con el tuyo, niña.