1 de diciembre de 2006

Y si pierdo el norte?

Bajé al sur en busca de calma porque dejarme caer por allí siempre me provoca paz. Y me senté en un balcón y miré a lo lejos. Y me quedé horas y horas. Y me daba miedo apartar la vista porque sabía que se acabaría. Porque cuando lo bueno es mejor siempre se acaba pronto. Y disfruté todo lo que pude de cada instante. Me dejé acariciar por el aire y dejé que el cielo me besara. Saboreé cada uno de los segundos y empecé a coleccionar momentos. Dejé entrar infinidad de imagenes que ahora guardo bajo llave.
Pero el norte me esperaba. Y al volar hacia él, se me olvidó traerme el pedacito de vida que había comprado como recuerdo. Era un colagge de emociones compuesto de cariño, desesperación y anhelo que contrastaban a la perfecón con risas y abrazos. Mientras esperaba a que llegara mi partida decidí entrar en una tienda y llevarme algo de nostalgía para que me recordara de vez en cuando que debía regresar a buscar aquello que me había dejado por descuido. Y, al llegar a casa, lo colgué de mi memoría para verlo cada día y acordarme de que está esperandome cuando vuelva a bajar.
Por lo menos, me queda el consuelo de que ese trocito de vida está en buenas manos.

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