Su imagen empezó a deslizarse escaleras abajo. Cada peldaño lo acercaba más al piso de abajo y, centimetro a centrimetro iba dejando atrás aquella habitación. Claros que atravesaban las persianas, velas que incendiaban la oscuridad, un color rojo inundando aquellas paredes que habían cultivado solamente un poco de vida se fueron quedando atrás.
Pero se fue, dejó la habitación que había encontrado en la calle 69 y divagó entre las de aceras de la 80 y la 90 y, así estubo...mucho tiempo perdida.
Empezó a desahacer el camino que había recorrido y cuando estubo a la altura de la calle aquella, donde había dejado aquella habitacion roja descubrió que se había ido, que ahora se llamaba Entrre dos aguas y todo era más claro.
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