14 de agosto de 2009

La vida escondida

Después de contar las 10 dió media vuelta y se puso a observar todo lo que había a su alrededor, intentando hayar a su vida. La habitación estaba como la noche anterior - llena de nada o vacía de todo- con el desorden que eso suponía. Una montaña de desilusiones con un mismo nombre. Montones de hojas esparcidas del otroño anterior anunciaban que el invierno estaba llegando.


Había estado caminando en el tiempo toda la noche a su lado y fue al despertar cuando supo que ya no estaba a su lado. Se había vuelto a esconder, pero esta vez no estaba tan segura de que la fuera a encontrar. Y odió estar jugando al escondite otra vez. Cada vez que se quedaba buscándola, echaba de menos que no estuviera con ella para darle abrazos.

Abrió el frigorifico por si se le hubiera ocurrido quedarse desayunando en un descuido y sacó el cartón de leche y se dispuso a empezar el día con energía. Se aseguro de que allí no estaba y cerro la nevera de un suspiro. Se preparó un gran café con leche caliente y no vió nada que le hiciera sospechar que su vida había estado por allí.

Encendió el televisor por si éste le daba alguna pista de donde debía buscar. Pero se bebió el café y se cansó de escuchar malas noticias que no eran suyas, así que lo apagó. Sabía que no era el lugar dónde habría decidido irse.

Mientras se duchaba pensó en llamarla, pero eso era tampa y decidió seguir buscandola después de pasar la mañana haciendo aquel curso sobre la alimentación de las vidas. Era algo insuficiente pero muy nutritivo para el día a día.

Volvió a casa después de la jornada y cocinó para dos. Recogió las cosas y se fue a dar una vuelta. Caminó por todas las calles encontrando muchas vidas solitarías hasta que se hizo de noche y se pasó por el bar de abajo para poder subir al cielo y encontrarse otra vez con la vida escondida.